NADA NOS FALTA

deus não me deu nem avô nem avó
nem nenhuma irmã que soubesse ballet
nem sequer uma fotocópia
em ponto pequenino
de nossa senhora ou de são josé

tenho pouca sorte

por causa da milú
e é um nome que detesto
ela é muito má
é capaz de andar com um pé descalço
e outro com uma pedra no sapato

comprei então um baralho de cartas
para escrever
como fazem todos os poetas
que não querem morrer

imaginem que ontem fui despedida
faltei ao trabalho

por não poder ser operada
por não haver mais camas
desatei a chorar
abracei-me às mamas

e como uma desgraça nunca vem só
mordeu-me uma cobra
constipei-me com pó

fazia-me falta agora falar com alguém
com o dom afonso henriques
para lhe dizer que me sinto muito triste
porque ele bateu na mãe
e que portugal não existe

bem feito

mais tarde ou mais cedo
a europa tinha que saber
que estamos todos no rossio
com ar condicionado
a jogar às cartas

nada nos falta

 

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▪ Maria Azenha
( Portugal 🇵🇹 )
in “Poesia de Protesto”

 

TRÊS POEMAS DE RYSZARD KRYNICKI

I can’t help you

 

Poor moth, I can’t help you,
I can only turn out the light.

 

*

Não te consigo ajudar

 

Pobre traça, não te consigo ajudar,
posso apenas apagar a luz.

 

*

We can destroy

 

We can destroy
all our evidence and still
even the mute rings of trees,
even our mute bones will tell
what times we lived in.

 

*

Podemos apagar

 

Podemos apagar
todos os nossos vestígios e contudo
até os anéis mudos das árvores
até os nossos ossos mudos dirão

em que tempos vivemos.

 

*

You’ve climbed high

 

You’ve climbed high, my little snail,
To the black lilac’s highest leaf!

But remember: September’s nearly over.

 

*

Subiste alto

 

Subiste alto, meu pequeno caracol,
até à folha mais alta do lilás negro!

Mas lembra-te: Setembro está quase a acabar.

 

_
▪ Ryszard Krynicki
( Polónia 🇵🇱 )


Mudado para português por _ Francisco José Craveiro de Carvalho _  Poeta, Tradutor e Matemático 🇵🇹 a partir da versão inglesa de Stanislaw Baranczak & Clare Cavanagh

 
 

Revelación de las tinieblas

 

La casa de leer en lo oscuro. Maria Azenha
Editorial Trea. Precio: 14 €

 

El libro de Azenha nos muestra una visión aterradora de este siglo, del poder y otras amenazas a las que estamos sometidos.

La labor de la poeta sería retirar del fondo del ser la “infinita tristeza” de nuestra condición y airear los despojos.

Ni siquiera conocía de nombre a Maria Azenha (1945), natural de Coimbra, matemática de profesión, además de pintora ─su compatriota, la también escritora Maria Estela Guedes ha avecindado el libro que nos ocupa con la técnica tenebrista de Caravaggio─, pero después de La casa de leer en lo oscuro, el penúltimo, parece ser, de su veintena de títulos líricos, creo que no la olvidaré fácilmente. Sus versos, a modo de latigazos, estremecen, te dejan un escalofrío hondo en los adentros, mal cuerpo incluso.

El prologuista y traductor, de lujo, el a su vez magnífico poeta y destacado lusista José Ángel Cilleruelo, precisa los rasgos esenciales de la poética, de índole simbólica, de Azenha: «el acendrado lirismo, la naturaleza significativa, el sentido ecuménico, la imaginación sin paredes y la extrema sensibilidad ante el dolor». Un simbolismo que nos muestra una visión aterradora de este siglo, del poder y de otras amenazas a las que estamos sometidos, basado en «un estilo metafórico, alusivo y elíptico», fruto del «propósito filosófico de cerrar la herida producida por la fragmentación de la experiencia», cabría añadir con el poeta barcelonés.

Pedro Fernandes califica estos poemas de extrañamiento radical frente a la quimera de la experiencia como «revelaciones», creo que en el sentido de que, a partir de imágenes durísimas, densas y herméticas, descubren, también en palabras de Cilleruelo, la «realidad exterior invertebrada: violenta, caótica, injusta y doliente». Para que aflore esa realidad Azenha nos desplaza a los sumideros actuales de la humanidad, pone el foco en los extranjeros, los ahogados de las pateras en el Mediterráneo, los somalíes en los campos de Kenia o los refugiados de Lesbos en la noche de Europa, que se muere. Esos sonidos del planeta que son «carbones encendidos en mitad de lo oscuro», porque a menudo se confrontan lo rojo, la sangre, con lo negro, como en el primer verso, con ecos lorquianos («Ha llegado la muerte con la boca llena de claveles») de «El ángel del desastre», tan de Alberti, por otra parte.

El poema, así, se convierte en el lugar, en el escenario, donde se plasma y materializa el horror del teatrillo de lo mundano, que ilumina como un fogonazo súbito la desdichada condición humana. De hecho, la labor de la poeta sería retirar del fondo del ser la «infinita tristeza» de nuestra condición y airear los despojos. Con referencias explícitas a Fassbinder, Rimbaud y Pasolini, se interna en su compañía por la senda de cierto malditismo («la locura se parece a Dios»), trufado de surrealismo onírico y misticismo negativo, con un punto expresionista, que corre el peligro de regodearse en sus propias excrecencias, pero no es el caso, porque contempla desde dentro, para intentar esclarecerla, la oscuridad consustancial con la que hemos sido arrojados a la vida.

De esta manera, cada texto, muy visual, terriblemente visual, es una especie de puesta en escena del teatro de la crueldad que sobrecoge y espeluzna, que angustia al ponernos delante de lo inevitable, en crudo, y ahí te las apañes. Cabe fingirse el distraído o hacerse cargo de la gravedad de lo que nos define y de lo irreversible. Azenha, «con una corona de espinas y la flor del desdén», no pone ni un paño caliente, nos sitúa siempre «en el centro del horror del poema», con un pesimismo cerval: «es todo tan macabro / y tan pérfido». Da la impresión de que escribe entregada a la muerte, diría a mayores, si así pudiera ser, que desde la muerte, lo que inquieta mucho y desazona en la lectura, a la vez que atrae sobremanera, como el abismo llamaba a los románticos.

ABSURDO

 

¡Oh flor de ansia sobre el mundo
–excremento de la ruina–
verso que se ahoga frente a la Nada!

El poema arde en sus caballos arduos.
El desespero horroriza la página.

 

LA CASA DE LEER EN LO OSCURO

 

El poema es un cuarto oscuro
donde entras en soledad.

Más negro aún el aposento
donde habita tu cadáver.

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Fonte:
EPICURO Revista de los grandes placeres