UM VILLON PORTUGUÊS (ler ao ritmo do Testament Villon)

Oh velhadas que sobrais por aí,
Na ilusão de que viver é bom,
Despertai com os filhos, também eles já velhotes,
Para uma nova e dura realidade:
O mundo é das crianças, de vozes assassinas,
De nada vos serviu educá-las com esforço
E a preceito,
Já nada disso conta, estais a mais na imagem,
Ninguém sabe quem fostes, ou quem sois,
E pior, se ainda sois,
A nada tendes direito.

O tempo não regride
Em carecas não ficam bem trancinhas,
E o que sobra da gritaria vã
Já não acorda os ais das memórias perdidas.

 

(Janeiro, 2020)

_
▪ Yvette K. Centeno
( Portugal 🇵🇹 )
Inédito

EM VÃO!

Em vão
_____assumirei a fome alheia como minha
_____(há mãos obscenas a ocultar o trigo)
Em vão
_____verei os olhos de meninos maiores que os seus ventres
_____(há mãos obscenas a roubar o trigo)
Em vão
_____Temerei as exactas máquinas da guerra
_____(há obscuras mãos a sequestrar a paz)
Em vão
_____Suportarei mal o sangue empapando o chão
_____(há obscuras mãos a estrangular a paz)
Em vão!
______Em vão!
____________Em vão!
__________________Mas que não digam que fui indiferente
__________________Que não me desesperei
__________________Que não morri mil mortes
__________________Que não paguei o tributo de ter sido
______________________________________homem.

 

_
▪ Adalberto Alves
( Portugal 🇵🇹 )
in “Oriente de mim”, Editorial Teorema, Lisboa, 1993

O NEVOEIRO

Comecei a formar-me
a partir do mito

Sabia-me água
condensada entre o mar e o céu,
mas pouco mais sabia,
até ouvir dizer, muito em baixo e ao fundo,
sobre a sua vinda.

Aprendi-lhes as palavras
e a ler o que diziam:
que ele desaparecera junto a longa batalha,
abandonando o galgo
que lhe era companheiro

E mais diziam:
que, com ele, entre a fé cega e o sonho,
haviam ido também
os de olhos mais de luz

Muito mais tarde havia eu de ouvir
que esses de olhos de luz
pertenciam aos que não tinham nunca
lutado pelo pão ou uma terra sua,
e que ser de mais luz, de ter mais sonhos,
vive na proporção das moedas
que povoam os bolsos

Não me viam, os seus olhos cegos,
entre o ardor e o rugir da batalha

E eu soube sempre,
mesmo quando era só água em finíssimos átomos ,
espalhada pelo céu e rente ao mar,
que ser tão poderoso ou menos poderoso:
uma deslocação de ar
sem peso que contasse

Nunca o vi, a ele,
antes de me ver eu feito nevoeiro,
e ele continua a ser-me
leve sombra sem corpo

Formei-me a partir de uma península,
e fui avançando devagar,
cobrindo tudo,
ano após ano,
século após século,
com ele atravessando-me o corpo,
o seu corpo e o meu sem formas definidas

Se ele não existisse,
Ele não existia,
e ainda hoje, de vez em quando,
se ouve dele falar,
com outras formas, outros nomes,
um ser vindo de outras paragens

Era preciso o brilho de um farol
de linhas sólidas e unidas
para que eu desaparecesse
para sempre do mito

Mas o farol não há,
e eu habito entre tempos,
aprisionado a elipses de tempo,
e a ele:
os dois presos à história

Se ao menos esse galgo que ele amava
nos guiasse, por fim,
como fio ou farol,
para dentro do tempo

E eu voltasse a ser nuvem,
e ele, só imagens –

 

_
▪ Ana Luísa Amaral
( Portugal 🇵🇹 )
in “Escuro”, Assirio & Alvim, Lisboa, 2014

 

Revelación de las tinieblas

 

La casa de leer en lo oscuro. Maria Azenha
Editorial Trea. Precio: 14 €

 

El libro de Azenha nos muestra una visión aterradora de este siglo, del poder y otras amenazas a las que estamos sometidos.

La labor de la poeta sería retirar del fondo del ser la “infinita tristeza” de nuestra condición y airear los despojos.

Ni siquiera conocía de nombre a Maria Azenha (1945), natural de Coimbra, matemática de profesión, además de pintora ─su compatriota, la también escritora Maria Estela Guedes ha avecindado el libro que nos ocupa con la técnica tenebrista de Caravaggio─, pero después de La casa de leer en lo oscuro, el penúltimo, parece ser, de su veintena de títulos líricos, creo que no la olvidaré fácilmente. Sus versos, a modo de latigazos, estremecen, te dejan un escalofrío hondo en los adentros, mal cuerpo incluso.

El prologuista y traductor, de lujo, el a su vez magnífico poeta y destacado lusista José Ángel Cilleruelo, precisa los rasgos esenciales de la poética, de índole simbólica, de Azenha: «el acendrado lirismo, la naturaleza significativa, el sentido ecuménico, la imaginación sin paredes y la extrema sensibilidad ante el dolor». Un simbolismo que nos muestra una visión aterradora de este siglo, del poder y de otras amenazas a las que estamos sometidos, basado en «un estilo metafórico, alusivo y elíptico», fruto del «propósito filosófico de cerrar la herida producida por la fragmentación de la experiencia», cabría añadir con el poeta barcelonés.

Pedro Fernandes califica estos poemas de extrañamiento radical frente a la quimera de la experiencia como «revelaciones», creo que en el sentido de que, a partir de imágenes durísimas, densas y herméticas, descubren, también en palabras de Cilleruelo, la «realidad exterior invertebrada: violenta, caótica, injusta y doliente». Para que aflore esa realidad Azenha nos desplaza a los sumideros actuales de la humanidad, pone el foco en los extranjeros, los ahogados de las pateras en el Mediterráneo, los somalíes en los campos de Kenia o los refugiados de Lesbos en la noche de Europa, que se muere. Esos sonidos del planeta que son «carbones encendidos en mitad de lo oscuro», porque a menudo se confrontan lo rojo, la sangre, con lo negro, como en el primer verso, con ecos lorquianos («Ha llegado la muerte con la boca llena de claveles») de «El ángel del desastre», tan de Alberti, por otra parte.

El poema, así, se convierte en el lugar, en el escenario, donde se plasma y materializa el horror del teatrillo de lo mundano, que ilumina como un fogonazo súbito la desdichada condición humana. De hecho, la labor de la poeta sería retirar del fondo del ser la «infinita tristeza» de nuestra condición y airear los despojos. Con referencias explícitas a Fassbinder, Rimbaud y Pasolini, se interna en su compañía por la senda de cierto malditismo («la locura se parece a Dios»), trufado de surrealismo onírico y misticismo negativo, con un punto expresionista, que corre el peligro de regodearse en sus propias excrecencias, pero no es el caso, porque contempla desde dentro, para intentar esclarecerla, la oscuridad consustancial con la que hemos sido arrojados a la vida.

De esta manera, cada texto, muy visual, terriblemente visual, es una especie de puesta en escena del teatro de la crueldad que sobrecoge y espeluzna, que angustia al ponernos delante de lo inevitable, en crudo, y ahí te las apañes. Cabe fingirse el distraído o hacerse cargo de la gravedad de lo que nos define y de lo irreversible. Azenha, «con una corona de espinas y la flor del desdén», no pone ni un paño caliente, nos sitúa siempre «en el centro del horror del poema», con un pesimismo cerval: «es todo tan macabro / y tan pérfido». Da la impresión de que escribe entregada a la muerte, diría a mayores, si así pudiera ser, que desde la muerte, lo que inquieta mucho y desazona en la lectura, a la vez que atrae sobremanera, como el abismo llamaba a los románticos.

ABSURDO

 

¡Oh flor de ansia sobre el mundo
–excremento de la ruina–
verso que se ahoga frente a la Nada!

El poema arde en sus caballos arduos.
El desespero horroriza la página.

 

LA CASA DE LEER EN LO OSCURO

 

El poema es un cuarto oscuro
donde entras en soledad.

Más negro aún el aposento
donde habita tu cadáver.

_

Fonte:
EPICURO Revista de los grandes placeres

UMA FONTE DE SANGUE

Abri as veias para sangrar o engenho.

*

A prosa tornou-se necessária aos versos.

*

A harmonia tosca desfaz-se
como um fato no fio
mais de acordo com o Apocalipse.

*

Um homem de pé
sobre as nuvens
pisa um solo ensanguentado.

 

7.III.07

 

_
▪ António Barahona
( Portugal 🇵🇹 )
in “Telhados de Vidro”, n. 12, Editora Averno, 2009

La escritura del agua
por José Ángel Cilleruelo

 

Las notas biográficas convencionales señalan que Maria Azenha nació en Coímbra un mes de diciembre de 1945; que en su ciudad estudió y se licenció en matemáticas, disciplina que más tarde impartiría en distintas universidades y en la Escola de Ensino Artístico António Arroio, en Lisboa. Un interés algo mayor posee el dato de que es autora de una veintena de libros de poesía desde que en 1987 publicara Folha Móvel, y también pintora, con obras expuestas en diversas ocasiones. Ha realizado innumerables recitales de poesía y ha publicado un disco con su voz acompañada por una guitarra portuguesa (O Mar Atinge-nos, 2009). Y tal vez la presentación más certera que se pueda realizar de Maria Azenha no sea la acumulación de referencias sino la simple lectura o audición de uno de los poemas incluidos en el disco, «Balada para un nombre», que traducido suena así:

mi nombre es María. nunca mis padres supieron que
así me llamaba.
los pájaros me arrastraban hacia el interior de la casa. Lo cantaban.
y yo permanecía en silencio.
en esa época tendría unos cuatro o cinco años. recuerdo que
escribía con los dedos apuntando al suelo el agua de mi nombre. y veía un río correr
por toda la tierra.
quizá fueran afluentes encendidos en el mar caliente del cuarto. donde aún hoy desgarro
ramos de sangre en el pecho
para habitar entre aves

 

Los rasgos más importantes de la obra de Maria Azenha aparecen enunciados en los versos (el acendrado lirismo, la naturaleza significativa, el sentido ecuménico, la imaginación sin paredes y la extrema sensibilidad ante el dolor…) mediante símbolos («mi nombre», «los pájaros», «toda la tierra», «en el mar… del cuarto», «ramos de sangre»).

Simbolismo es, de hecho, el término que más se repite entre los críticos que se han acercado a la obra poética de Maria Azenha, aunque no siempre señalen un idéntico significado bajo la misma palabra. Para Henrique Dória «…todo es simbólico, simultáneamente imaginario y real». Esta doble condición temática reconoce uno de los valores clásicos del símbolo. Para Risoleta Pinto Pedro, sin embargo, «en la poesía, el estilo es el símbolo», es decir, una característica que emana de las formas. Pedro Fernandes observa que en la autora «todo está alineado para un único propósito y su poesía es percepción simbólica en torno a una palabra, como aguas que corren hacia un mismo embalse. Se trata —continúa el crítico— de una poesía cuyo interés es reanimar las fuerzas que integran el ser-mundo, en una especie de retorno a la comunión entre las dos formas, reencuentro, afirmación de una totalidad». O dicho, con otras palabras, lo simbólico en los poemas sería el propósito filosófico de cerrar la herida producida por la fragmentación de la experiencia.

Lo cierto es que en la poética de Maria Azenha conviven las tres interpretaciones del simbolismo: un tratamiento temático que sitúa al mismo nivel la experiencia y la imaginación; un estilo metafórico, alusivo y elíptico; y una intención clara de atenuar con los versos las limitaciones en la percepción impuestas por el pragmatismo de la civilización actual. Ahora bien, la intensidad con la que se manifiestan estos valores en la obra de la poeta ha variado en el curso de los años y en la sucesión de los libros. Y posiblemente el lector tenga en sus manos el título en el que se manifiestan con mayor equilibrio las cualidades simbólicas de su poesía, un punto de inflexión claro entre dos épocas de escritura.

Hasta la edición en 2016 de La casa de leer en lo oscuro predomina en la obra de Maria Azenha lo que se podría denominar un simbolismo endocéntrico, que tiende hacia la construcción de un único símbolo central a partir del cual se ramifica y cobra sentido la percepción de lo existente. El estilo tiende a la condensación, incluso a la brevedad extrema (A Sombra da Romã, en 2011, por ejemplo, es un conjunto unitario de poemas la mayoría de solo dos versos), y a la intensidad. Y tema y motivos surgen vinculados, como es obvio, al eje simbólico vertebrador. Tal vez el libro capital de este primer período sea De amor ardem os bosques, volumen publicado en 2010 donde la poética de la autora alcanza la cumbre de ciertas características que perseguía su escritura desde sus inicios, como el misticismo, la espiritualidad, la poética del silencio y de la soledad y el lirismo más diáfano: «No escribas la palabra piedra si no tienes a mano/ una piedra/ no digas la palabra agua si nunca quisiste morir/ no pienses la palabra llama si el corazón no arde».

La novedad relevante de La casa de leer en lo oscuro con respecto a la poesía hasta este momento escrita por Maria Azenha es de orden temático. Tras una paulatina disolución del núcleo significativo vertebrador de sus libros, la fragmentación entrega la unidad del conjunto a los motivos que desarrolle cada uno de los poemas. Se trata, por lo tanto, de un simbolismo ya exocéntrico, que es el que a partir de este libro va a dar impulso a los títulos que le siguen, estos ya con una sorprendente transformación estilística (lenguaje directo, prosaísmo, oralidad, técnicas de vanguardia, ironía, mezcla de cultura literaria y cultura popular y poemas extensos), como se comprueba en títulos como Xeque-Mate (2019).

La casa de leer en lo oscuro mantiene los rasgos formales de la primera formulación simbolista de la poeta —la que Pedro Fernandes denomina con propiedad «revelación»—, y es el estilo que emerge de la imaginación lingüística de la autora y su capacidad para conceptualizar mediante metáforas densas y elípticas, pero el propósito temático ha variado, como esclarece el propio crítico, ahora no va «de dentro hacia fuera, revelación; sino de fuera hacia dentro, recreación». Y el amparo filosófico de esta mudanza también acierta a mostrarlo Pedro Fernandes, «porque el mundo es interpretación y no situación dada». Es decir, culminada la reunificación de la experiencia interior, Maria Azenha decide emprender con este libro un proceso de integración, en su universo lírico personal, de una realidad exterior invertebrada: violenta, caótica, injusta y doliente. Se produce en las páginas que siguen una fusión entre una interpretación moral de la realidad y la imaginación simbolista del lenguaje.

La escritora Maria Estela Guedes ha relacionado este libro con la técnica tenebrista de artistas como Caravaggio, que consistía en «cubrir con pinturas oscuras grandes superficies de tela para resaltar el color claro de la carne», lo que en el libro busca «llamar la atención para lo que la oscuridad del libro ilumina». En el mismo sentido, apunta Guedes, que la Obra al negro de los alquimistas se proponía descubrir la luz en la caótica materia a través de su progresivo perfeccionamiento. Ambas comparaciones resultan pertinentes para la lectura de La casa de leer en lo oscuro, versos en los que la luz vertida por el lenguaje poético sobre la materia oscura de una memoria y un presente trágicos logra entregárselos al lector iluminados.


Selección de poemas
Traducción de José Ángel Cilleruelo

 

EL ÁNGEL DEL DESASTRE

Ha llegado la muerte con la boca llena de claveles.
Llega cierta mañana oscura
con sirenas en el desierto y
caballos

contra la primavera
contra la lluvia

sin que la sangre de dios existiera en un milagro
o en un micrón de segundo.

He visto al ángel del desastre poner los pies en el mundo.

 

O Anjo do desastre

 

Chegou a morte com a boca cheia de cravos.
Chegou numa certa manhã escura
com sirenes no deserto e
cavalos

contra a primavera
contra a chuva

sem que o sangue de deus existisse num milagre
ou num mícron de segundo.

Vi o anjo do desastre colocar os pés no mundo.

 

AVISO

La vida puede ser una mujer que cruza la calle
La mujer puede ser una niña con una flor de cenizas en la boca
La flor puede ser un hombre ahorcado en la luna

 

Aviso

A vida pode ser uma mulher atravessando a rua
A mulher pode ser uma criança com uma flor de cinzas na boca
A flor pode ser um homem enforcado na lua

 

EL DESVELO DE LA TINIEBLA

 

Él amaba a la mujer.
Ella se ha ahorcado en la casa de la playa.
La encuentra sola sin los pies en el suelo.

La ve
después
junto a la ventana
sumergirse en el silencio de la sala.

¿Será
que prueba brotes tiernos
de la primavera?
¿O espía por dentro de los espejos
de marzo?

¡Qué difícil imaginar estos árboles
de tiniebla
sin nada de aire!

En mis sueños ella siempre dice adiós
cabalgando hacia el mar

 

O zelo das trevas

 

Ele amava a mulher.
Ela enforcou-se na casa de praia.
Encontrou-a sozinha sem os pés no solo.

Viu-a
depois
junto à janela
mergulhar no silêncio da sala.

Será
que prova ramos tenros
da primavera?
Ou espia para dentro dos espelhos
de março?

Difícil imaginar estas árvores
de trevas
sem nenhum ar!

Nos meus sonhos ela está sempre a dizer adeus
cavalgando para o mar

 

LA CASA DE LEER EN LO OSCURO

 

El poema es un cuarto oscuro
donde entras en soledad.

Más negro aún el aposento
donde habita tu cadáver.

 

A casa de ler no escuro

 

O poema é um quarto escuro
onde sozinho entras.

Mais negro é ainda o aposento
onde habita o teu cadáver.

 

ABSURDO

 

¡Oh flor de ansia sobre el mundo
—excremento de la ruina—
verso que se ahoga frente a la Nada!

El poema arde en sus caballos arduos.
El desespero horroriza la página.

 

Absurdo

 

Oh flor de ânsia sobre o mundo
— excremento da ruína —
verso que se afoga frente ao Nada!

O poema arde em seus cavalos árduos.
O desespero horroriza a página.

 

TRES RETRATOS PARA FASSBINDER

 

I

En las ciudades desiertas hay rosas de nieve
por donde nadie pasa.

II

La criatura está amarrada a una ave ciega
y su corazón sangra desde un espejo
hacia el interior de la luz.

III

El Caballero escarlata
desprende el polvo del espejo
en un caballo atado
a dos árboles siempre quietos

Entra por primera vez dentro
de la muerte.

 

Três retratos para Fassbinder

 

I

Nestas cidades desertas há rosas de neve
onde não passa ninguém.

II

A criança está amarrada a uma ave cega
e o seu coração sangra de um espelho
para dentro da luz.

III

O Cavaleiro escarlate
solta a poeira do espelho
num cavalo preso
a duas árvores sempre quietas

Entra pela primeira vez dentro
da morte.

 


 

FonteEL CUADERNO

 

A fome

Aqui, onde a mão não
alcança o interruptor da vida, aqui
só brilha a solidão.
Desfazem-se as lembranças contra os vidros.

Aqui, onde a brancura
dum lenço é a brancura do infortúnio,

aqui a solidão
não brilha, apenas
se estorce.
A fome fala através das feridas.

 

_
▪ Luís Miguel Nava
( Portugal 🇵🇹 )
in “Vulcão”, Quetzal, Lisboa, 1994

Narração de um homem em maio

Estou deitado no nome: maio, e sou uma pessoa
que saiu
violenta e violentamente para o campo.
Um homem deitado entre os malmequeres
rotativos do mês atraves-
sado pelo movimento.
É a noite aproximada com o livro
dentro. Deitado sobre bocados
de estrelas no pensamento.
Era a casa absorvida na manhã
Livro de poesia arrebatada. Poesia
da mulher emparedada no amor
e o homem emparedado na destruição
do amor.
É agora o leitor com a atenção corrupta
sobre o livro.
O livro que arde nos ossos
do leitor afogado no poema arrebatado.

Estou estendido como autor na ligeira
palavra que a noite molha
e os ventos sopram como se sopra
uma brasa.
Um homem que saiu de casa, com toda
a magnífica violência do amor.
É o tempo revelador.
Agora inteligente deste lado,
contra o lado exemplar de maio aglomerado.
Espécie de primavera comburente.
A dor total. O livro.
O pensamento do amor. A
experiência.
E a vida ardente do autor.

Deitei-me também no campo
de outras coisas. Com discurso. Com
rigoroso segredo.
Vi o caçador levantar o arco-íris
e atirar, fechada, a morte
ao cabrito primaveril.
E tudo calei como experiência
de um sono inspirado.
Vi a ressurreição, maio
infestado. Ouvi
passar o ciclista da primavera
sobre o ruído da ressurreição.
Conheci a existência do roubador, o ciclista
que penetra no exemplo da fábula.
Estou deitado em meio campo
de uma espécie de despedida.
Meio campo de maio, e outro meio
de pessoalíssima vida.

São coisas que já não estão mais
do que na maturidade da idade.
Fiz comércio. Indústria. Dor.
A garganta lavrada pelo canto.
Ia a bicicleta com o seu poeta que punha a mão
no poema da bicicleta.
E iam todos – poema, bicicleta, poeta e mão –
por sobre o coração da terra e a ressurreição
da primavera. Ganhei
a minha idade concluída.
Cacei. Ou plantei. Ou cortei.
A vida vida.
Havia o movimento com a sua bicicleta
e a canção com o seu poeta.
A vida merecida.

Vejo ervas movimentadas e estrelas paradas.
E a consumação das coisas universais.
Geram-se de novo as coisas
universais. A pureza.
A natureza da pureza.
A própria natureza das coisas universais.
Da dor sei o amor.
O amor do ardor. Sei mais
do que posso saber da matéria do amor.
Fico deitado no campo revolucionário:
a paciente brutalidade da primavera
é como a brutalidade
delicada da paixão.
O violentamente demorado amor,
e a sua ressurreição.

Já estivera deitado ao lado das mulheres.
Elas paravam completamente
como caçadores ou bichos fascinados.
Não tinham pensamento nem idade.
Era a força do corpo. O movimento.
Estou neste lado desse lado
do corpo. Sei o poema
do conhecimento informulado.
Respira monotonamente uma estrela
entre os ossos.
Estrela levemente destruída.
Roída pelo louco rato lírico
da idade. Estou no pensamento.
Parado no movimento de uma vida.

Mexo a boca, mexo os dedos, mexo
a ideia da experiência.
Não mexo no arrependimento.
Pois o corpo é interno e eterno
do seu corpo.
Não tenho inocência, mas o dom
de toda uma inocência.
E lentidão ou harmonia.
Poesia sem perdão ou esquecimento.
Idade de poesia.

————————————————————–1953-60
_
▪ Herberto Helder
( Portugal 🇵🇹 )
in “Poesia Toda”, Assírio & Alvim,  Edição 291, Novembro de 1990